07- El entorno físico y climatológico

A los factores humanos y mecánicos se suman otros mucho más heterogéneos y difíciles de controlar. Se trata de los factores ambientales que, en combinación con factores humanos -normalmente por falta de previsión, déficit de atención o falta de precaución frente a estos factores externos- o en sinergia con factores mecánicos -habitualmente por no realizar un mantenimiento correcto de los vehículos- causan fatales accidentes con daños dramáticos para las personas; en muchos de estos casos, están presentes los tres tipos de factores en diferentes proporciones.

De cada cuatro accidentes de tráfico, uno tiene lugar con condiciones climáticas adversas, ya sea lluvia, hielo, nieve, viento o niebla. Un 81,3% se produce con lluvia, un 4,6 % con niebla, 4,1% con viento fuerte y un 1,6% con nieve, según los datos de la DGT.

Los conductores han de tratar de minimizar los riegos cuando estan expuestos a estas condiciones, evitando desplazamientos en las condiciones más adversas y adaptando la conducción a estos fenómenos, disminuyendo la velocidad, aumentando las distancias de seguridad y realizando una conducción tranquila. Evidentemente, es imprescindible reforzar la atención frente a situaciones inesperadas.

La visibilidad insuficiente, característica habitual en estas condiciones climatológicas, conlleva una rápida aparición de los efectos de la fatiga y, por consiguiente, mayor posibilidad de cometer errores y, en consecuencia, un mayor riesgo de accidente. Para evitarlo hay que tener en cuenta estos consejos: extremar la atención, descansar si fuera preciso, encender las luces de cruce, usar los dispositivos necesarios del vehículo para combatir las condiciones adversas: luces de niebla en caso de niebla, sistemas de ventilación anti vaho, luneta térmica, limpiaparabrisas, etc. Si las condiciones se tornan coyunturalmente muy adversas, casos de niebla densa, rachas muy fuertes de vientos laterales, lluvia intensa o granizo, y la conducción resulta muy peligrosa, es conveniente interrumpir el desplazamiento en una zona de servicio.

La lluvia disminuye la adherencia de los neumáticos y reduce la visibilidad, por este motivo, es esencial mantener la presión adecuada de los neumáticos, así como la profundidad recomendada del dibujo. Las primeras gotas son especialmente peligrosas, en especial para las motos, porque crean una capa de barro y grasa resbaladiza que conforme se incrementa la lluvia se va diluyendo.

Es también importante prestar atención a otras cuestiones, tales como utilizar luces cortas y una ventilación adecuada, para que no se empañen los cristales. Los limpiaparabrisas han de estar también en buen estado, para lograr su máxima eficacia.

El aquaplaning puede aparecer en zonas donde se acumula gran cantidad de agua y los neumáticos no fueran capaces de mantener su adherencia, por lo que se podría perder el control del vehículo; en estos casos, lo correcto es disminuir la velocidad para evitar el aquaplaning, puesto que es difícil prever dónde puede aparecer una acumulación de agua en la calzada.

Nieve, disminuye la visibilidad y reduce la adherencia al firme. Circular con suavidad, a baja velocidad y en marchas largas, nos ayudará a reducir los riesgos, el freno motor siempre será una buena manera de aminorar la velocidad puesto que el freno hay que usarlo con extrema suavidad. Por supuesto que es imprescindible el uso de cadenas cuando está indicado y, por lo tanto, llevarlas preparadas en las zonas y las épocas en las que se producen las nevadas. Si sospechamos que pudiéramos encontrarnos con hielo en la carretera deberemos practicar una conducción similar a la de nieve; el hielo hace perder bruscamente la adherencia y en los meses de frio es previsible encontrarlo con temperaturas por debajo de los 3 grados centígrados y, especialmente, en zonas sombrías durante la noche y a primeras horas del día

La niebla reduce considerablemente la visibilidad y, en ocasiones, hace imposible seguir circulando. Ante un banco de niebla, utilizaremos el alumbrado de cruce, y antiniebla si es necesario, para ver y ser vistos. Por supuesto reduciremos sensiblemente nuestra velocidad para adecuarla a nuestro campo de visión y aumentaremos la distancia de seguridad, puesto que a los problemas de visibilidad, hay que añadir que la niebla humedece la calzada y reduce la adherencia. Como recurso, podemos fijarnos en las marcas horizontales de la calzada como guías.

Viento puede sacudir de forma violenta e imprevista nuestro vehículo, especialmente cuando es lateral, al pasar de zonas resguardadas a zonas desprotegidas como puede ser a la salida de un túnel o al adelantar a un camión. Reducir la velocidad y sujetar con firmeza el volante para evitar cambios indeseados de trayectoria es la mejor manera de minimizar los riesgos.

Sol puede resultar molesto e incluso deslumbrar al amanecer y al atardecer, por lo que es recomendable llevar en el coche unas gafas de sol que nos permita minorar estos efectos que en ocasiones son muy peligrosos.

El estado de las carreteras es también un factor que escapa al control del conductor, por lo que es importante considerar rutas alternativas, en especial si las condiciones climatológicas resultan adversas.

Dado que las condiciones ambientales se escapan al control humano, es preciso tener, al menos, una información lo más precisa posible de la situación a la que podríamos enfrentarnos. Para ello tenemos a nuestra disposición fuentes fiables de información del tráfico, el estado de las carreteras y de las alertas por climatología o fenómenos adversos. Esta información, fácilmente accesible, nos puede permitir evitar un desplazamiento, tomar las precauciones precisas, elegir un itinerario alternativo o buscar otro medio de transporte más adecuado.

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