05- El conductor: aptitudes, actitudes y circunstancias

Conducir un vehículo a motor supone una responsabilidad que muchas veces ignoramos y que exige haber obtenido, previamente, la correspondiente autorización administrativa, que ha de ir precedida de una exigente formación y de un informe de aptitud psicofísica, expedido por un centro de reconocimiento de conductores autorizado. Cada Permiso de Conducción tiene un período de vigencia establecido y condicionado a que el titular no haya perdido totalmente sus puntos y a que mantenga los requisitos exigidos para su otorgamiento. Transcurrido dicho periodo, hay que proceder a su renovación, tras certificarse que el titular no padece enfermedad o deficiencia que lo impida o sea susceptible de agravarse y afectar a la conducción.
Nuestra actitud es esencial y si bien las aptitudes no siempre son susceptibles de poder mejorarse, la actitud sí es posible adecuarla para alcanzar unos mayores índices de seguridad en los desplazamientos.
A través de la formación, la información, la educación y la concienciación es posible actuar sobre nuestros pensamientos, nuestros hábitos y nuestras conductas, de tal manera que es factible alcanzar una actitud idónea frente a los riesgos laborales y, en especial, frente a los riesgos derivados de la conducción, que nos permita minimizar los accidentes in itinere y sus consecuencias para nuestra salud o la de terceros.
Para poder trabajar y cambiar actitudes inadecuadas en la acción de conducir, lo primero que tenemos que hacer es un análisis honesto de nuestros comportamientos y detectar cómo influyen en nuestra conducción, seguidamente habría que estar dispuestos a corregir las conductas inadecuadas para evolucionar hacia hábitos correctos que conformen actitudes positivas y, por lo tanto, más seguras.
La identificación de nuestras actitudes y formas de conducir ha de ser un proceso dinámico tendente a transformar comportamientos agresivos, inadecuados y poco respetuosos, en conductas relajadas, correctas y tolerantes. Alcanzar unas aptitudes positivas nos permitirá enfrentarnos a las circunstancias adversas con mayores garantías de seguridad.
Circunstancias adversas externas, como las prisas, los atascos, las incidencias del tráfico o las condiciones climatológicas incrementan los riesgos de sufrir un accidente, por lo que es preciso saber gestionar nuestras emociones y procurar la serenidad necesaria para concentrarnos en la peligrosa acción de conducir. Otros factores, que ya si dependen de nosotros, han de ser observados y controlados, como procurar el descanso necesario y prestar la atención precisa.
En los Accidentes de Tráfico in itinere, las distracciones son un factor a combatir. Es común realizar la misma ruta de forma habitual, por lo que el trabajador suele disminuir su grado de percepción del riesgo al repetir día tras día el mismo trayecto, y tener una falsa sensación de seguridad, que le lleva disminuir su nivel de concentración, lo que da lugar a las distracciones, o a asumir más riesgos, como incrementar la velocidad.
El exceso de confianza es, en este sentido, uno de los principales enemigos del conductor, al considerar que las condiciones se van a mantener siempre inalterables, circunstancia que, evidentemente, no siempre se cumple, puesto que si bien el recorrido es el mismo, las circunstancias son variables y hay que estar siempre alerta.
